CITY OF WOMEN

City of Women
2017
Archival pigment ink, acrylic resins and acrylic paint on linen.
260 x 195 cm | 102” x 76.7”
Pigment ink, modified acrylic resins, isoprpyl, muriatic acid and aluminum on 300grs. cotton paper
220 x 152 cm. | 59.8 x 86.6 inches

Exhibition views, Museo Nacional de Bellas Artes, Sala Vespucio. Santiago, Jan. 2017


La Ciudad de las Mujeres

por Ana Maria Risco

Asistimos ante la obra de Franco a una suerte de recomposición crítica de la materialidad originaria de la fotografía, esa escritura de luz liquidada ante los efectos estandarizados de su impresión contemporánea. Ni analógica ni digital de modo rotundo, esta recomposición mediada por la película fotográfica, ocurre en el terreno alternativo de la pintura. Concretamente al interior de la tela de gran formato, proyección del histórico cuadro actualizado en sus más conspicua condición de campo de exploraciones para el ojo y la mirada.

Fragmentos de palabras editadas, fotografías impresas o fotogramas como retornos inesperados e inconexos de una memoria visual en blanco y negro, conforman por montaje el gran plano de la tela, casi esculpido por acumulación de capas sucesivas de adherencia. Una adherencia rugosa, discontinua, no ajena a múltiples desgarros y arrepentimientos, constituye el principal recurso de esta pintura mediata, ultratecnificada y en cierto sentido también automática.

En Ciudad de las mujeres —una serie que evoca tal vez la más fantasiosa película de Fellini— el cuerpo fragmentario de la mujer y el cuerpo perdido de la imagen conseguida por el trabajo de la luz se hacen guiños de identidad, funcionando como zonas problemáticas en composiciones abstractas, erosionadas por textos inconclusos o derruidos “campos de color”. El rostro trágico de Romy Schneider, el drástico encuadre del brazo de la madre del artista en el día de su casamiento o las poses cliché del cine erótico europeo de los 60, surgen como verdaderos eventos visuales entre los craquelados y las costras de la pintura. Lo hacen al modo de la sombra de una experiencia visual alojada, como una caricia o un golpe, no en la memoria consciente del ojo contemporáneo sino en su piel.

El efecto pictórico espesa la presencia visual de las viejas y originalmente análogas fotografías y fotogramas, cuyos fragmentos figuran allí, en virtud de la rasgadura emotiva que dejó su exposición temprana ante la mirada del artista. A salvo de cualquier deglución rápida, estos fragmentos superpuestos pasan a conformar un acertijo visual. Si nos aproximamos, cobran una espesor tridimensional (por efecto de la pintura que Franco ha puesto cuidadosamente “debajo” de la película fotográfica antes de adherirla), o bien se desarman en el reguero de puntos que denuncia el paso inequívoco de la imagen por los consabidos procesos de impresión. Si, en cambio, tomamos distancia, estos fragmentos se hunden e incorporan como eventos de pintura al interior de una composición abstracta, que adquiere dimensiones gráficas e incluso constructivas en gran medida gracias a las cintas metálicas que ingresan abruptamente al plano más superficial, trayendo viejas resonancias vanguardistas y mensajes textuales aislados en los que resuena un tributo a la mayor conquista que la inteligencia visual alcanzara en el siglo XX: el montaje

City of Women

by Ana María Risco

In Franco’s work we are confronted with a sort of critical re-composition of the original materiality of photography. Neither purely  analogical nor digital, this re-composition, filtered through the photographic film,  takes place on the alternative terrain of painting. Specifically inside the large-scale canvas, a projection of the historical frame, made modern in its most evident field of exploration for the eye and for the gaze.

In successive layers stuck on top of one another, Fragments of edited words, printed photographs and photograms echo the disconnected unpredictability of a black and white visual memory. Here and there across the canvas, the different layers are stuck on roughly, at times they are scraped and torn, betraying the artist’s second attempts, and allowing us to share in Franco’s mediated method of composing - ultra-techno and to a certain extent also automatic.

The fragmented body of the woman and the lost body of the image obtained through the work with light, reference each other in terms of identity, functioning as problematic areas in abstract compositions, eroded by incomplete texts or ruined “fields of color”.  The tragic face of Romy Schneider, the decisive framing of the artist’s mother’s arm on her wedding day, or the clichéd poses from 1960s European erotic films, emerge from between the cracks and scars of the painting as authentic visual events. They do so like the shadow of a visual experience lodged, like a caress or a slap, not in the conscious memory of the contemporary eye but in its skin.

The heavy pictorial effect heightens the visual presence of the old and originally analogous photographs and film stills shown here in fragments, through the emotional tearing that their early exposure to the artist’s gaze left them with. Apart from swallowing each other up here and there on the canvas, these superimposed fragments come together to form a visual riddle. From close-up they take on a three-dimensional thickness (the effect created by the layer of paint that Franco carefully applied underneath the photograph to stick it onto the canvas), or they come apart at the sprocket holes that denounce the unequivocal passage of the image through the well-known processes of printing. And from a distance the fragments sink and melt like actions of painting into the abstract composition which takes on graphic and even constructivist dimensions largely thanks to the metallic ribbons that erupt onto the outer layer, bringing with them old vanguard resonances and isolated textual messages in which there echoes a tribute to the single most significant twentieth century development in visual intelligence: editing.


 

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